viernes 21 de agosto de 2009

¿Qué es el “progresismo” de la Concertación?


Es la palabra que más se ha oído en esta campaña presidencial. En castellano, progreso es antónimo de retroceso y está asociado con mejorar las condiciones de vida de las personas: desarrollo científico, económico y social, derrotar la pobreza, respeto a la dignidad del ser humano, igualdad de oportunidades, cultura, democracia, libertad.

Pero ¿qué entiende la Concertación por progresismo? Exactamente todo lo contrario. Es una reforma tributaria que terminará por generar más cesantía y cuyo peso recaerá, probablemente, en los miles de pequeños y medianos emprendedores. Es el aborto a secas, pero bajo los apellidos de “terapéutico” y “concepción de emergencia”. Es el totalitarismo y la restricción de la libertad que están imponiendo en Venezuela, Ecuador, Nicaragua y El Salvador los autodenominados “Gobiernos progresistas” de Latinoamérica, cuyo máximo inspirador es Hugo Chávez. Es “más Estado” y menos oportunidades en materia de educación, salud y vivienda, para que las familias más pobres tomen sus propias decisiones, con dignidad y libertad. Es convertir en víctimas, desde el discurso que justifica y la mano blanda, a los delincuentes y narcotraficantes que mantienen atemorizadas a millones de familias chilenas, impidiéndoles circular con seguridad por calles y plazas.

En buenas cuentas, el progresismo de la Concertación, la agenda que terminará imponiendo Girardi en la campaña de Frei y las propuestas que levanta con tanta simpatía todos los días Marco Enríquez Ominami, no son más que el reciclaje de última hora del cásico discurso de la izquierda, que desconfía del ser humano, desconoce su dignidad y trascendencia y le teme a la libertad y a la capacidad de emprender.

Atención, porque una de las curiosidades de la Concertación - y especialmente de la izquierda -es su talento para apropiarse del lenguaje e instalar percepciones funcionales a sus propios sus intereses. No vaya a ser que, finalmente, terminen convenciendo a los chilenos que “retroceso” es sinónimo de “progreso”.

miércoles 22 de julio de 2009

La hipocresía de la Concertación y cuestionamiento a Doggenweiler


El cuestionamiento que se ha hecho al protagonismo de Karen Doggenweiler en TVN es otra prueba del doble estandar y la hipocresía de la Concertación. Estoy segura que si Marta Larraechea tuviera un programa en el canal de "todos los chilenos", no se habría oído ni una palabra sobre la incompatibilidad con su rol en la campaña de su marido.


Durante todos estos años el Gobierno y la Concertación han usado y abusado de la televisión pública y sorprende que justo ahora, cuando perciben que está en riesgo su opción presidencial, se conviertan en defensores de la ecuanimidad y el pluralismo en el medio de comunicación más importante de Chile.

jueves 9 de julio de 2009

La Huída de los Partidos Políticos

Son curiosas las interpretaciones que se le han dado a las sucesivas renuncias a partidos políticos en los últimos días. Algunos han insinuado que nos encontramos frente a una especie de colapso democrático y han puesto en duda la representatividad, ya no de los parlamentarios, sino incluso de los aspirantes. La máxima expresión de preocupación, como suele ocurrir, fue la propuesta de primarias obligatorias que acaba de hacer el mismísimo Ministro del Interior. O sea, de temblor local pasó a ¡Sismo nacional!

Mi percepción es más simple. Salvo la renuncia de MEO al Partido Socialista, todas las deserciones tienen que ver con algo muchísimo más prosaico que el gesto altruista por incompatibilidad doctrinaria de los renunciados. Se trata en su mayoría de personas a quienes se les ha restringido su cuota de poder o se les ha obligado a competir con otras alternativas para las elecciones parlamentarias de fin de año. Dicho de otra forma, corresponden a la reacción molesta y en clave de chantaje por una decisión que no acomoda, o simplemente pone en riesgo su cupo parlamentario y, por tanto, su propio interés.

Militar en un partido político es voluntario y exige un mínimo de disciplina y responsabilidad. Sí, es cierto que su funcionamiento debe adaptarse a nuevas exigencias ciudadanas, perfeccionarse, democratizarse y transparentarse. El punto es que en todos los casos que han llamado la atención en los últimos días, las motivaciones no tienen un origen democrático, ni persiguen el "bien común", sino que se contraponen a decisiones que han sido tomadas con criterios electorales, puesto que en política las elecciones se ganan con votos y no con intenciones.

Tanto las primarias internas como el límite a la reelección ayudarían a ordenar el sistema, ampliarían las oportunidades de competencia y las alternativas para la propia ciudadanía. Pero no nos confudamos ni le demos interpretaciones profundas, al pataleo de un par de caudillos, convencidos de que el territorio que representan quedó inscrito en el conservador de bienes raíces, con nombre y apellido.

jueves 18 de diciembre de 2008

Anoche fui al Cementerio....


Anoche recorrí el Cementerio General. No, claro que no estoy loca (no taaann loca), fui al recorrido cultural que organiza el Cementerio desde hace algunos años, invitada por la alcaldesa Sol Letelier.

Mientras me estacionaba me acordé de esa canción de Serrat, "Mi pueblo blanco", que recién entendí hace un par de meses (porque uno oye pero no escucha....). Fue una noche loca, rara, maravillosa, me pilló el cansancio de tanto andar, de tanto mirar. Ahí estaban las huellas digitales de los siglos XIX y XX. Nos guiaba un monje, culto y con sentido del humor. Ví los mil quinientos detalles que pasan desapercibidos cuando uno va, de entrada y salida, lo más rápido posible, a acompañar a un amigo que despide al padre o al abuelo. Descubrí el campanario, los rincones por donde se cuela la luz de la luna, el olor a hierba y a tierra, las flores, los árboles centenarios, las sombras de las esculturas, los epitafios. La Gloria. Por un momento pensé que ese era el lugar más parecido al paraíso que visitaba en mucho tiempo, silencioso, acogedor, sereno, elegante o sencillo, al gusto o posibilidad del que descansa en cada espacio.

Es probablemente una de las experiencias más lindas que he vivido. Vale la pena asomarse al barrio de las últimas moradas antes de tiempo.

martes 15 de abril de 2008

Otoño, ¡Cómo te estoy gozando!


Estoy gozando intensamente este otoño maravilloso que nos está regalando todos los días Santiago. Dicen que madurar es aprender a ver el lado bello de la vida, en las cosas cotidianas, en lo que hacemos todos los días de manera rutinaria. Ayer abrí las cortinas a las 6:15 AM y me encontré con una ciudad que nunca había visto, tuve el impulso de sacarle una foto y guardar el momento para siempre (pero pudo más la pereza y la tentación de los minutos de sobra...).


Necesitamos una lluvia con urgencia. Mientras el milagro se produce, recorro el parque Manquehue cada amanecer al ritmo de un trote que quiere ser más rápido y competitivo, miro de reojo la fila de autos que se apiña de Sur a Norte y me alegra la mañana observar la conversación (que por supuesto no oigo) de los niños mientras son transportados por sus padres al colegio. Me topo con los repartidores del diario, con otros corredores amateurs, como yo, con los camiones que comienzan a instalarse en la feria de la esquina dos veces por semana. Respiro el olor a tierra, al polvo seco de nuestro Santiago sediento y le sigo la corriente a la música que me enchufo en las orejas para olvidarme que corro y corro y que mis musculos están cansados.


Y desde ese lugar pienso en los años que perdí sin ver lo que es gratis, lo que está regalado por Dios y la naturaleza. Y van crijiendo las hojas bajo mis zapatillas y el gozo es idéntico al que sentí a los 9 años, en la plaza de Concepción, mientras arrastraba mis zapatos y mi bolsón hasta el colegio (entonces gastaba mis otoños soñando con que llegara el verano...).


martes 29 de enero de 2008

12 razones para leer (P. Gandolfo)

Por Pedro Gandolfo
(El Mercurio, Enero 2008)
Desde luego, hay numerosas más. Registro sólo las siguientes: Se lee para aislarse, es decir, para estar solo. La lectura proporciona una intimidad, establece una conexión en que podemos entrar en diálogo con nosotros mismos. La lectura es una vía hacia la soledad voluntaria.
Se lee también, paradójicamente, para no estar solo. Los libros acompañan: Así, se lee con la voluntad de estar solo, pero no desesperadamente solo, sino en vecindad de las historias, de los personajes, de las emociones y de los pensamientos que el libro brinda.
Se lee para distraerse de la tentación de la nada, del pesado fardo del tiempo y de la rutina. La literatura devuelve la vida depurada de toda su grasa, de toda la paja molida, reducida a sus momentos de mayor intensidad y vigor. La vida propia palidece, peligrosamente a veces, comparada con la vida de los libros.
Se lee para comprender a los otros, al mundo y a nosotros mismos. La lectura bien hecha de un buen libro proporciona claves de comprensión de la realidad. Tiene, por eso mismo, beneficios psicológicos y cívicos. Podemos participar de la interioridad de los otros, de sus experiencias plurales y diversas a través de la lectura.
Se lee para recordar lo que hemos leído antes, cómo éramos entonces; para recordar lugares, personas, momentos que ese libro -incluso una cierta edición de ese libro- nos evoca. Así, leer un libro es, de algún modo, como hojear un álbum de fotografías.
Se lee para vivir y experimentar aquello que deseamos vivir y no podemos vivir o, incluso, para llegar a ser aquella persona que anhelamos ser, pero ya no fuimos: la lectura nos regala una existencia vicaria. La lectura sirve como prótesis.
Se lee, pura y simplemente, para pasar el rato, para matar el tiempo, para entretenerse.
Se lee para resolver enig-mas: hay libros que nos plantean "puzzles", desafíos al intelecto y nos van proporcionando pistas para resolver esos enigmas.
Se lee para jugar, pues la palabra también es un juguete: "el más serio, el más fatuo, y el más caritativo de los juguetes."
Se lee para intentar encontrarle un sentido al dolor, que es parte imborrable de la condición humana.Se lee para conjurar nuestros temores, sobre todo los internos, que la literatura permite mirar de reojo, veladamente.
Se lee para cambiar. Hay libros que son acontecimientos, como lo son los grandes amores o la muerte de seres queridos. No somos los mismos después de haberlos leído: operan una transformación en nosotros. Nadie puede leer bien "La metamorfosis", dice un gran pensador contemporáneo, y mirarse al espejo pensando que nada ha cambiado en él.




http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2008/01/26/doce-razones-para-leer.asp

viernes 6 de abril de 2007

La nostalgia me superó

La flojera me venció durante todos estos meses. Hoy, la nostalgia me superó y vulevo al mundo blogger, para leer y encontrarme con amigos y, cómo no, comentar la seguidilla de acontecimientos públicos (¡pucha que está gracioso nuestro país ... y para qué hablar de nuestros gobernantes y sus sabdias decisiones).

Saludos y ahora contesto todos los comentarios y me doy una vuelta por ahí.