sábado 13 de noviembre de 2010

Integristas


Repaso rápidamente a los integristas que identifico en la fauna chilena y confirmo que casi todos han demostrado alguna vez que, detrás de ese halo de santidad hipócrita y su obsesión por la verdad (sólo a ellos les ha sido revelada), se esconde un ser humano rabioso, que ofende fácilmente, un sectario que divide entre buenos y malos.

Les temo, porque en Chile tienen todavía la llave para abrir y cerrar puertas. Me los cruzo en un par de espacios de mi vida...me huelen rebelde, me miran con desconfianza, me reprueban (y, por el puro gusto de hacerlos pasar un mal rato, hago esfuerzos para ir más allá de su estrecha tolerancia).

Hablaba con una integrista (abogada) hace un par de meses, a propósito de las uniones de hecho e, incluso para esta humilde conservadora, su posición y el tono "pedagógico" para plantearla me cayó como patada en la guata. Siempre desde un pedestal de sabiduría (solo ellos descubren peligros, el resto somos ingenuos e incapaces de leer ni menos interpretar lo que leemos, vemos u oímos); siempre desde la sospecha; siempre un tono sordo de reproche.


A veces tengo el impulso de invitarlos a un café cómodo y contarles hasta las más secretas e incontables intimidades de mi vida... que abran los ojos, que les de rabia, que corran despavoridos!

No puedo rebelar detalles ni nombres, porque comprometo a otras personas, pero hace un par de días me contaban de las fórmulas con las que un connotado integrista, de aquellos con tribunas de primera línea, mueve cuerdas, extorsiona sutilmente, abusa de los vulnerables, desprestigia, para obtener lo que quiere.



Tengo el privilegio de la fe, soy católica y estoy orgullosa de serlo. Leo los códigos de mi religión como una guía de conducta, coherente, que busca el bien y cultiva la generosidad. Esa definición está muy lejos del integrismo, que se obsesiona con la vida sexual, con las decisiones privadas, pero se hace el leso con la pobreza, la injusticia y el abuso.

3 comentarios:

Francisco-Javier dijo...

Interesante columna. Le veo un problema, y es que a pesar de que das a conocer que no te gustan los integristas, eres poco específica a la hora de describir en qué creen ellos que tú no crees, o viceversa, porque no creo que sea una situación de esas que te llevas mal con una persona porque tienen personalidades opuestas, y eso es lo que percibe alguien que no conoce la situación que te afecta.

Javier Bazán dijo...

Hace tiempo que no te leí. Buen texto. No soy católico, pero me gusta que defiendas tú fe.

¿Por qué no criticas a las feminazi de izquierda?

El actual presidente de la DC, Walker sostuvo que la diferencia entre la UDI y la DC, es que los primeros son integristas y los segundos son progresistas. Es tan confundido.

saludos

Francisco Javier dijo...

Todos nos hemos topado con este tipo de personas... creo que describes muy bien la sensación que provoca el hablar con gente que se cree dueña de la verdad, se dicen progresista.... pero son de lo más intolerantes.